martes, 26 de enero de 2016

En Rojas, María Eugenia reina y, desde diciembre, gobierna

María Eugenia llegó a Rojas en 1994. Menem lo hizo y nadie la detuvo.
Desde entonces, no ha parado de construir poder. 
Su área de influencia se circunscribía al principio a unas 22 hectáreas en Rojas, pero de a poco fue extendiendo su influencia a todo el pueblo de Rojas y más allá, a Carabelas, Obligado y Pergamino. 
Generó cuatrocientos puestos de trabajo, realizó importantes donaciones y organizó actividades de voluntariado y cursos de capacitación.
Donó cuarenta trajes de bombero de ultima generación y pintó y parquizó el centro de Bomberos Voluntarios de Rojas por un valor total de $600.000.
Donó materiales por $40.000 y el trabajo "voluntario" de sus trabajadores para pintar, junto a los trabajadores de la UATRE, el Hospital Unzué de Rojas.
Donó una ambulancia (unidad de terapia intensiva movil) junto al Rotary Club por un valor de $600.000  para traslados desde dicho hospital a otros centros médicos de mayor complejidad. 
Pintó el Centro Educativo Solar Feliz y el Jardín Maternal Arco Iris de Rojas. 
Colaboró con el Centro Conin de Pergamino y el Hogar de Ancianos Douglas Haig.
Organizó cursos de complementos de estudios, mantenimiento domiciliario, guitarra, alimentación sana y proyectos productivos para los 151 trabajadores rurales del Campamento de San Luis en Rojas.
Mantiene las banquinas y hasta reparte pochoclo con su nombre a los niños que asisten a la colonia de vacaciones.
Ofrece una frondosa pausa publicitaria a los medios gráficos y radiales, a través de la cual invita a que conozcan "quién es realmente". Pero, cuando se habla mal de ella, no duda en llamar a los dueños de los medios o en enviar cartas documento. 
A través de todas estas cosas, María Eugenia procura comprar voluntades, apoyos y silencios. 
En diciembre, cansada de reinar sin gobernar, colocó personas de su confianza, sin dobleces, en el gobierno nacional, provincial y municipal. 
Todo esto lo hace para procurar revertir su pésima fama. 
Esa que se supo ganar al haber producido junto a otras ocho empresas el agente naranja con el que se desfoliaron las selvas vietnamitas y que sigue provocando, aún hoy, cánceres y malformaciones entre los descendientes de los soldados estadounidenses y entre los descendientes de los vietnamitas –fumigadores y fumigados- por igual (aunque indemnizados los primeros pero no los segundos). 
Esa que se supo ganar al haber inundado el mundo entero con sus PCBs cancerígenos.
Esa que se supo ganar con el desarrollo de la hormona de crecimiento bovino. 
Esa que se supo ganar con el patentamiento y la comercialización en exclusiva durante 20 años del roundup, el agrotoxico más usado en el mundo y que se fumiga sobre los cuerpos de 14 millones de habitantes en Argentina, nos llega a los 40 millones a través de la cadena alimentaria y hoy puebla nuestra sangre, nuestros tejidos y nuestra leche materna, además de nuestros suelos y nuestras aguas. 
Esa que se supo ganar al sostener que el roundup, su "máquina de hacer dinero" (según el embajador de Estados Unidos en Argentina) es inocuo, cuando la OMS, después de demasiado tiempo, concluyó que es un probable cancerígeno.
Esa que se supo ganar al haber perseguido a los científicos comprometidos con la ciencia, la verdad y la vida, como Andrés Carrasco y el Profesor Seralini, entre tantos otros. 
María Eugenia está preocupada por su mala fama, esa que se supo ganar. 
Por eso hace todo lo que hace en Rojas y más allá: para contrarrestar el daño que le ocasiona a sus negocios que los pueblos se informen, se organicen, se movilicen y le digan basta, fuera. 
Que bloqueen sus plantas.
Que organicen marchas multitudinarias en más de doscientos ciudades para repudiarla. 
Que no le permitan expandir sus negocios. 
Que no le den licencia social para operar en sus territorios. 
Que se lo digan, que se lo canten. 
Por si acaso, no estoy hablando de María Eugenia Vidal, la flamante gobernadora de la Provincia de Buenos Aires.
Sino de María Eugenia, a secas, la poderosa de verdad: la planta clasificadora de semillas de maíz de Monsanto en Rojas.











1 comentario:

  1. Cualquier parecido con otras realidades, incluso las relacionadas con la explotación minera, es pura coincidencia¡¡¡ Realmente pintaste un cuadro de Rojas que puede sobreponerse a tantas y tantas localidades. Cuando todos, como pueblo, como sociedad, podremos darnos cuenta de lo que esto implica y tomar medidas en conjunto, más allá de las necesidades individuales?? Un abrazo

    ResponderEliminar